Nicanor Parra

Me gusta tanto la poesía de Nicanor Parra que cuando mi mujer y yo supimos que tendríamos un hijo varón, propuse llamarlo así. Mi propuesta fue rechazada sin miramientos.

La poesía de Parra fue en gran parte responsable de mi reconciliación con este arte, que abracé durante la adolescencia y  al que aborrecí después, en parte por esa pedante tendencia de los poetas a incluir palabras como Ser, Nada, Inasible u Obnubilado y a hablar con voz impostada y leeeeeeeenta.

Gracias a Nicanor –y a otros–, descubrí que lo que a mi me desagradaba no era la poesía, sino los poetas.  O más bien: ciertos poetas.

Artefacto de NIcanor Parra

Artefacto

Adios, Nicanor.

Lo despido con uno de sus poemas que más me gustan.

Cambios de nombre, por Nicanor Parra

A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos
Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.
Mi posición es ésta:
El poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas.
¿Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol?
¡Pido que se llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas!

¿Mis zapatos parecen ataúdes?
Sepan que desde hoy en adelante
Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese
Que los zapatos han cambiado de nombre :
Desde ahora se llaman ataúdes.
Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide
Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como quiera:
Es es un problema personal.

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José Miguel Tomasena

Escritor, periodista, profe. Autor de La caída de Cobra (Tusquets, 2016). Co-guionista de Retratos de una búsqueda. Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí en 2013 por ¿Quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway. En este momento realiza una investigación etnográfica sobre booktubers en lengua española.