Impronta, casa editora

A finales del año pasado leí La máquina de contenido, de Michael Bhaskar (FCE). Debo decir que para mí, que en 2016 pude publicar mi primera novela en una editorial importante como Tusquets y que además estoy haciendo una investigación sobre los booktubers, fue una lectura muy estimulante. Me ha hecho ver con otros ojos la complejidad de lo que implica hacer circular un libro.

Bhaskar intenta esbozar una teoría que llegue al núcleo de lo que significa la edición, más allá de la definición tautológica de que publicar es “hacer público” —recordemos que en inglés editar y publicar son una misma palabra: to publish; y que los editores son publishers.

¿Qué significa publicar? Pese a sus diferencias, ¿existe algún rasgo común entre lo que hacen un periodista, el editor de una revista, un grupo de poetas que tienen un fanzine, el productor de una película, un académico que hace papers, un bloguero, un youtuber o un sello discográfico?

Todos estos actos son una mediación cultural. Y la tarea de Bashkar es tramar una teoría que explique en qué consiste esta actividad. Y esto es clave para valorar lo que hace un editor/publicador y para encontrar la forma de conservar lo mejor de esta tradición en tiempos de disrupción tecnológica.

Bhaskar, cofundador de la editorial digital Canelo e investigador invitado en The Oxford International Centre for Publishing Studies, no es un apóstol de la supuesta democratización de internet ni un nostálgico de los tipos móviles que ve en la irrupción digital la fase previa al apocalipsis zombie.

Me parece un tipo sensato: para poder encarar el futuro, hay que entender los dinamismos de la disrupción tecnológica y el valor de lo que históricamente han hecho los editores.

Por ahora, me centraré en la forma en que caracteriza el problema que internet plantea a las industrias editoriales —en especial a la de los libros—, y dedicaré una segunda publicación a su propuesta de una teoría unificada de la edición.

¿Por qué internet desestabiliza al mundo de la edición?

Lo primero que salta a la vista es que el autor no se detiene en los tópicos histéricos con los que se suele abordar el debate de los libros y los medios digitales —que si los ebooks terminarán con los libros en papel, que si el olor de las páginas impresas, que si Amazon es muy gandalla, que si la piratería—, sino en el análisis de las transformaciones estructurales, radicales e irreversibles de la revolución digital a para las industrias de los contenidos.

Dos son los asuntos de fondo, dice Bhaskar: la eliminación de la intermediación y la desestabilización del derecho de autor.

Si ahora cualquiera tiene los medios a su alcance para publicar y convertirse en editor, ¿para qué necesitamos editores? Y si internet es básicamente una red para copiar y compartir archivos, ¿qué sentido tiene una legislación creada durante la era industrial que se basa en la restricción del derecho a copia?

La desintermediación, argumenta Bhaskar, está determinada por dos fuerzas contadictorias: por un lado, la arquitectura abierta de internet propicia el crecimiento exponencial de contenidos producidos por los usuarios: cada día se publican —ojo con la palabrita— millones de fotos, tweets, actualizaciones de estado en Facebook, blogs, videos de YouTube, etc; por otro, una enorme concentración de poder en unos cuantos nodos por los que pasa prácticamente toda la información —Google, Apple, Facebook, Amazon, etc.

Hiper-abundancia de información y concentración de poder: ése es el entorno real de la edición.

¿Qué significa publicar en este contexto? ¿En dónde está el valor que diferencia a los editores del resto de los usuarios? ¿Cuál es su papel en un ecosistema de medios en el que han perdido el monopolio de la mediación cultural y su importantísimo papel en la conformación de la esfera pública?

Me gustaría leer sus respuestas a estas preguntas, amigos. Para ayudar al debate, lo pondré en términos personales: tengo un libro de cuentos que fue premiado en 2013 pero que aún no ha sido publicado. ¿Qué debería hacer?

a) Subirlo a este blog y permitir su libre descarga.

b) Autopublicarlo en Amazon.

c) Esperar hasta que una editorial grande lo compre.

d) Publicarlo con una editorial independiente.

Responda y argumente, por favor.
(Y si no sabe qué decir, puede escribir: “We are the resistance”)

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José Miguel Tomasena

Escritor, periodista, profe. Autor de La caída de Cobra (Tusquets, 2016). Co-guionista de Retratos de una búsqueda. Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí en 2013 por ¿Quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway. En este momento realiza una investigación etnográfica sobre booktubers en lengua española.

23 thoughts on “¿Qué significa publicar en tiempos de internet? (parte 1)

  1. Fermín 7 meses ago

    b), porque me encanta leer en el kindle :-p Saludos

    1. jmtomasena 7 meses ago

      Pero también las editoriales grandes publican en Kindle, ¿no? 😉

  2. María 7 meses ago

    Yo creo que la decisión depende del objetivo interno que busques, si lo único que deseas es que te lean gratis, apelando la bondad de la gente para que cada que vez que usen tus textos te den el crédito, puedes elegir la opción A; pero si quieres que te lean y tengas los derechos de autor asegurados, elige la B; Esperar a que una editorial grande lo publique es un poco lento, pero si no dependes de esos textos para vivir y quieres que la gente que pueda pagar, sólo ellos tengan acceso, pues espera y finalmente sin quieres que la gente común y que le encanta y busca lo alternativo (somos muy pocos) pueda acceder a tus chida prosa entonces yo elegiría la D.
    Pero en realidad, no tengo idea porque también no se si actualmente las necesidades económicas pesen más sobre las necesidades de compartir pesen más, eso depende del autor.

    1. jmtomasena 7 meses ago

      La inmensa mayoría de los autores en Iberoamérica no ganamos dinero con la venta de nuestros libros. Por eso necesitamos otros trabajos. Y algunos piensan que, gracias a esto, podemos ser más libres… (Muertos de hambre, pero creativos, ja.)
      Supongo que tendrás que esperar a la segunda entrega sobre este tema para conocer mi respuesta… 😉
      ¡Gracias por pasarte por aquí!

  3. Jos Velasco 7 meses ago

    A mí me gustaría pagar poquito por leerte pero de forma recurrente, a través de una plataforma como Patreon.

    1. jmtomasena 7 meses ago

      Híjole, sé que eres gran promotor de ese modelo, Jos, pero no termino de creer. ¡Convénceme!

      1. Jos Velasco 7 meses ago

        Yo solo te digo lo que me gustaría. Me gusta pagar por contenidos accesibles y feeds sin publicidad directo en mi inbox. No me gusta llenarme de libros ni de dispositivos ni de descargas.

        1. jmtomasena 7 meses ago

          Gracias!

  4. Cecilia Magaña 7 meses ago

    Yo he leído ese libro y está muy chingón. Pruébalo con editores independientes para que no inviertas y si no pega, colega, autopublícate y decide con otras alternativas: puedes permitir las descargas a quienes paguen por ellas. No regales el trabajo 🙁

    1. jmtomasena 7 meses ago

      Gracias por las porras, Ceci. El libro saldrá, ya veremos cómo. En el fondo, la encuesta es para sentar las bases que expliquen por qué el libro de Bhaskar me ayudó a pensar muchas cosas. Pero de eso se trata la siguiente entrega…

  5. Pedro 7 meses ago

    Yo elegiría siempre la opción de ser editado: eso implica un filtro que puede ayudar al libro -hay demasiados autoeditados, y se autoedita de todo, mucha basura, mucho ruido-. Las grandes editoriales tienen más alcance, pero son también dinosauros, lentas, lentísimas, y con muy poca capacidad de frustración -y, por ende, de riesgo. Si las grandes no contestan, iría por una independiente, pero de las de verdad, de las que no te pidan dinero para co-editar. (Ahora estoy impaciente por tu siguiente entrega…)

    1. jmtomasena 7 meses ago

      Gracias, Pedro. En efecto, hay sobre-abundancia de informacion y criterios muy inciertos para guiarse. ¡Ése es el problema de internet!
      Ya veremos si la propuesta de Bhaskar ayuda a dar respuestas. Pero eso será en el próximo capítulo. En el mismo canal. Quién sabe a qué hora.
      A todo esto, ¿cómo está Karateka? 😉

      1. Pedro 7 meses ago

        Karateka está bien, como siempre, charlatán a más no poder. 😉

  6. Carlos Postlethwaite 7 meses ago

    Ése libro ya está terminado. El del premio. El de Heming, güey, y el polvo. Y, aunque quisiera leerlo. Os recomiendo que no lo publiqueis por ti mix. Invierte todo tú tiempo en el siguiente artificio, en el siguiente pretexto y en el siguiente precipicio, trama, contenido. Creo que si yo fuera tú, mi yo interior me diría que ser el escritor que quiero ser depende de esto. De dejar lo que escrito está quede escrito y que la validación, circulación, publicación, promoción quede en manos de quienes dedican su vida a validar, hacer circular, publicar, promover. Claro, tendrás un papel lideriado por aquestos quienes te den su sello, su capital, epcetera. Pero, a lo que te trujo quien te trujo si es que no llegaste por tus propias. Bueno, eso digo que me diría yo a mí si yo estuviera en una situación similar o idéntica a la tuya. Recibe un abrazo grande.

    1. Carlos Postlethwaite 7 meses ago

      PD… me lo diría sin los acentos adicionales en ése y tú. Ups.

    2. jmtomasena 7 meses ago

      ¡Hey, Carlos! Muchas gracias por el comentario, carnal.
      Pero no estoy de acuerdo.
      Va una cita que explica y justifica mi posición:

      “En el viejo arte el escritor se autoconsidera como un ser no responsable hacia el libro real. Él escribe el texto. El resto es realizado por los servidores, por los artesanos, por los trabajadores, por los otros.

      En el nuevo arte escribir un texto es solo el primer eslabón de una cadena que va desde el escritor al lector. En el nuevo arte el escritor asume la responsabilidad del proceso completo.

      El nuevo arte de hacer libros. Ulises Carrión. (Tumbona ediciones).

      Aquí hay un link: http://www.merzmail.net/carrion.htm

      1. Carlos Postlethwaite 7 meses ago

        Creo que debe haber lugar en el mundo para ambos. (Te confieso que no me gusta la etiqueta de ‘nuevos’ y ‘viejos’, aunque sí creo que haya quienes se dedican casi enteramente a sus textos y quienes les interese la parafernalia circundante. Como el detalle de quién los lee, cómo, en dónde, qué piensan…) Yo me aconsejaría a mí, en este caso, en el son de los ‘viejos’. Y es que me da la impresión de que Ulises Carrión hace ‘trampa’ con eso de llamar ‘servidores, artesanos, trabajadores’ a quienes imprimen, publican, etc. Como que táctitamente los hace menos. Un buen editor no tiene por qué ser un ‘servidor’. ¡Caracoles! Yo estaría feliz de serlo, y no me sentiría ni menos no más que el escritor. ¿No crees que hay lugar para escritores que se dedican al texto y sólo al texto? Al no estar de acuerdo, ¿estás diciendo que eres de los escritores que asumen la responsabilidad del proceso completo? O ¿estás diciendo que no hay lugar para quienes prefieran trabajar ansina? Tengo la impresión de que mis particularidades como lector empatan mejor, en general, con escritores y escritoras volcadas (casi por completo) a sus textos. Incluso me parece que los escritores que me gustan muchas veces rehuyen de todo lo demás. Me parece que los libros que gozo más han sido escritos por gente así… Pero, como se escuchó la voz del otro lado del confesionario: ‘yo no soy el padre, soy el carpintero… por mí, arráncatela’. Ya sábanas que te quiero tanto, carnalón. Y que hagas lo que hagas, yo te ampollo.

        1. jmtomasena 7 meses ago

          Creo que al texto de Carrión hay que leerlo como uno de los múltiples “manifiestos” que publicaban (¿publican?) las vanguardias.
          Es una provocación.
          Un hachazo para sacudir los términos con los que pensamos las cosas. En este sentido, es verdad que la separación entre “viejo” y “nuevo” es maniquea.
          Pero ayuda a evidenciar que entre el texto y el libro hay todo un proceso de mediación cutural que no deberíamos dar por sentado.
          Lo de los “artesanos, servidores y trabajadores” no me parece despectivo; al contrario. El arte nuevo de hacer libros consiste en hacerse cargo de ese trabajo. En todo caso, los mierdas serían los escritores que sólo están interesados en el trabajo “intelectual”, los que sólo se ocupan de los textos y no de las condiciones materiales en las que circulan, que para eso están los sirvientes.
          El problema es que en un mercado literario saturado –hay demasiadas cosas buenas por leer y poco tiempo–, el proceso de convertir el texto en libro y que éste encuentre sus lectores, es complicadísimo. Ese es el sentido de este post. (Y del que vendrá).
          ¿Que si todos los escritores deberían compartir mis preocupaciones? Por supuesto que no. No me atrevo a prescribir ninguna regla.
          Pero yo me dedico también a estudiar los procesos de comunicación de los libros. Supongo que estoy condenado.
          ¡Salud!

          1. Carlos Postlethwaite 7 meses ago

            JM… Dices lo siguiente: “En todo caso, los mierdas serían los escritores que sólo están interesados en el trabajo “intelectual”, los que sólo se ocupan de los textos y no de las condiciones materiales en las que circulan, que para eso están los sirvientes.” ¡Chintolas! Hay quienes dedican sus propios esfuerzos solamente (o en su gran mayoría) al trabajo intelectual a la vez admirar el arte del libro, del artículo en sí, la portada, el empastado, la fuente, la calidad del papel… Estos escritores bien pueden valorar lo difícil, valioso, necesario, hermoso de el arte de dedicarse a buscarle lectores, etc. No creo que ningún escritor hoy en día menosprecie estas labores ni las rebaje o subestime. Esto no quiere decir que no prefiera dejarlas a quien se dedica a ello. ¡Hay quienes hacen esto muy MUY bien! Yo creo que no es compulsorio que un escritor domine estas áreas, pero sí creo que debe dominar las de escribir… la estructura, el trama, la sintaxis, el género… lo que quieras. Y como soy de los que no puede mascar chicle y caminar, recomendaba que tu dedicación máxima fuera al oficio de escribir. Recomendación que recomiendo no atiendas, pues ahora recuerdo que casi siempre me equivoco. Un abrazo, mi amigo, que escribes muy bien. Pero tus bondades no terminan allí. Con sólo ver el uso de imágenes en tu página me convenzo de que tu talento artístico desborda cualquiera que yo pudiera anhelar. De toparme con el genio de la lámpara, yo le pediría sólo el don de escribir. ¡Enhorabuena!

  7. Pingback: ¿Qué significa publicar en tiempos de internet? (parte 2) - J.M. Tomasena

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  9. quique lomelí 6 meses ago

    Durante 20 años viví en localidades sin librerías, no eran pueblos en la sierra, eran Cancún en los 90’s o Tulum a principios del sXXI… El año pasado Puerto Vallarta ofrecía muy pocas opciones, hoy en La Paz me siento mejor pero veo con envidia a quienes viven en Gdl o Coyoacán. Publicalo en formato digital, el papel implica limitaciones enormes, es aventar 2,000 anzuelos con los ojos cerrados, puede que muchos caigan en la arena.
    ¿Qué tal acudir a una editorial grande? Para obtener los beneficios de su nombre, poder de convocatoria (de críticos y espacios) y capacidad de edición (de editar y pulir). Pero no con la idea de regresar al papel, sino para sacar un ebook bien hecho.

    1. jmtomasena 6 meses ago

      Gracias, Quique. Tendrás que leer la segunda parte de estas publicaciones para entender por qué, de momento, descarto la auto-publicación en digital.
      Aunque en el fondo no quiero hablar de la historia de un libro mío, sino discutir los modelos y marcos que están en juego en el panorama de la edición contemporánea.
      Tienes razón: la edición tradicional tiene el enorme problema de que tiene que mover (y administrar) átomos; y la distribución se concentra en las grandes urbes.
      En teoría, la edición digital no tiene ese problema, pero la pregunta es: ¿Cómo se dan cuenta mis hipotéticos lectores en La Paz, Tulum, Vallarta o San Felipe Torresmochas de que mi libro existe? ¿Por qué, habiendo millones de contenidos excelentes en línea, se habrían de interesar por el mío?
      Esa construcción de interés, de un prestigio o de curiosidad, ese pacto de confianza previa es lo que hacen las editoriales.